El reguero de sangre guiaba desde la habitación hasta el
balcón, pasando por el comedor. Se podía observar, por la acumulación de sangre
en el suelo, que había parado unos segundos para abrir la puerta de la galería.
Los inspectores pasaron a ver el cuerpo. Mujer, de unos 30
años, morena, sentada en una silla de plástico frente al mar.
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Pobre chica, lo último que quiso fue ver las
vistas.
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