El inspector de policía aparcó
el coche y recogió la carpeta donde estaba toda la información sobre el caso.
Quince desapariciones, quince mujeres en dos meses desaparecieron en un ratio
de cincuenta kilómetros.
Les costó encontrar algo por dónde
empezar a buscar. Las chicas tenían poco en común y no había nada que pareciera
unir sus vidas. Una vez que encontraron ese “algo” fue tan fácil como seguir el
hilo.
Cuando preguntaron al secuestrador
donde se encontraban las chicas, contesto con una sonrisa.
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En una casa a tres kilómetros de la ciudad.
Varios agentes se habían
trasladado al lugar para socorrerlas. Cuando se acercó, un olor nauseabundo
llegó a él desde el interior. Inmediatamente, uno de los sanitarios que también
se dirigieron al lugar, salió.
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Espero que estés preparado, porque lo de dentro
es horrible.
Pasó por el
pasillo y vio a todo el mundo congregado en una habitación. Allí, colgadas del
techo se encontraban como si fueran cerdos doce de ellas. Abiertas de arriba
abajo, sin órganos…
El inspector
tubo que apartar la vista ante la imagen. Un forense se acercó.
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Faltan tres, pero hemos encontrado otra sala al
final de esta.
En ella había
una mesa con varios instrumentos sucios y pegado a la pared, un arcón enorme.
Dentro se podían ver grandes cantidades de carne empaquetada con el nombre de
las otras tres.
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Creemos que se las comía.