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jueves, 16 de agosto de 2018

16/08/2018


El inspector de policía aparcó el coche y recogió la carpeta donde estaba toda la información sobre el caso. Quince desapariciones, quince mujeres en dos meses desaparecieron en un ratio de cincuenta kilómetros. 

Les costó encontrar algo por dónde empezar a buscar. Las chicas tenían poco en común y no había nada que pareciera unir sus vidas. Una vez que encontraron ese “algo” fue tan fácil como seguir el hilo.
Cuando preguntaron al secuestrador donde se encontraban las chicas, contesto con una sonrisa.
-          En una casa a tres kilómetros de la ciudad.

Varios agentes se habían trasladado al lugar para socorrerlas. Cuando se acercó, un olor nauseabundo llegó a él desde el interior. Inmediatamente, uno de los sanitarios que también se dirigieron al lugar, salió.

-          Espero que estés preparado, porque lo de dentro es horrible.

Pasó por el pasillo y vio a todo el mundo congregado en una habitación. Allí, colgadas del techo se encontraban como si fueran cerdos doce de ellas. Abiertas de arriba abajo, sin órganos…
El inspector tubo que apartar la vista ante la imagen. Un forense se acercó. 

-          Faltan tres, pero hemos encontrado otra sala al final de esta.

En ella había una mesa con varios instrumentos sucios y pegado a la pared, un arcón enorme. Dentro se podían ver grandes cantidades de carne empaquetada con el nombre de las otras tres.

-          Creemos que se las comía.

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