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domingo, 30 de agosto de 2015

Le vie de la folie VII

Cuando volví a la consciencia, mi cuerpo temblaba tanto que si alguien desde fuera me hubiera visto, pensaría que estaba teniendo un ataque epiléptico. Necesitaba calmarme.
Mi respiración era errática, mi corazón, chocaba con fuerza contra mi pecho y mi mente deliraba con el tormento soñado. Opte por rezar, no era creyente, mi mente que hasta entonces se había comportado de manera racional, me impedía creer en un dios, pero recordaba como mi abuela se ponía a rezar cuando estaba nerviosa y sabía que no podía controlar la situación. La voz de la madre de mi padre llego alta y clara, " te acordaras de Dios cuando Lucifer te tenga entre sus zarpas".
Pero en realidad yo no estaba pidiéndole nada, solo repetía sin cesar una serie de plegarias con la intención de tranquilizar el cuerpo y el pensamiento. Rece tantas veces el Padre Nuestro que llego un momento que no sabía ni lo que murmuraba, había palabras a medias, otras mezcladas, saltos en la oración... Nada realmente inteligible. Funcionó, al concentrarme en otra cosa y tener que respirar con tranquilidad para hablar, mis temblores cesaron.

Mire el reloj, las cinco, una buena hora para acercarme a la cocina sin ser visto, como aún tenía el paso tembloroso, escogí ir fijándome con mayor detenimiento en los cuadros que vestían las paredes ,que me guiaban desde mi dormitorio hasta una deliciosa taza de té.
Nada mas salir, un caballero me saludaba con su espada en alza, luego un monje con arrodillado observando el cielo con temor, una dama con un bonito vestido azul se refrescaba con un abanico de plumas del mismo color, otro monje con ángeles a su alrededor... y justo antes de llegar a la cocina el cuadro mas misterioso que había visto en mi vida. Me lo había enseñado Louis al segundo día de estar aquí. Era  una mujer rellenita, sentada en una enorme butaca, su mirada era seria pero en su cara se reflejaba una pequeña sonrisa, como clavando su mirada en ti con cinismo. Tenia en una de sus manos un libro cuyo titulo quedaba tapado con los dedos, parecía que el pintor la hubiera pillado leyendo algo prohibido y la otra mano descansaba en su regazo. O eso pensaba yo, pero su mano derecha no estaba en su lugar. Ese cuadro se había movido y ahora levantaba el dedo indice como pidiendo un minuto más.
Intente recordar si siempre había tenido esa postura pero algo me distrajo, Oía en la cocina a alguien, me acerque, una risa resonó en la estancia, abrí la puerta, una rendija e intente ver el interior.
Vi dos figuras cerca de donde estaban las neveras, la mas alta era una chica de cabello oscuro tenía la mirada al frente, fija en un punto, haciendo que yo solo le viera un poco la cara de perfil, lo que observaba con tanto detenimiento quedaba fuera del alcance de mi vista. De su mano un niño de ocho o nueve años, él miraba al suelo como arrepintiéndose de algo.

- No te pongas triste, él solo me ayudaba, tengo tanta hambre...- Una tercera voz femenina se quejaba- ¡No me mires así! ¡Como si tu nunca te hubieses escapado estúpida!

La chica siguió mirando sin mover la boca ni una sola vez

- Esta bien, esta bien, volveremos, no queremos que ninguna de esas horribles enfermeras sepan que estamos aquí. ¿Verdad? 

El muchacho y la joven desaparecieron de mi vista y lo último que oí fue el principio de una cancioncilla.

El primero era tan inteligente,
con sus gafas, su mirada suspicaz...
Deseaba tanto jugar con él.
El sabio no quiso,
a si que con sus libros 
le tuve que quemar...
Llego el segundo y el tercero...

domingo, 9 de agosto de 2015

Le vie de la folie VI

-Buenos días Doña Carmen, ¿Como se encuentra usted hoy?
-Pablo, ¡hijo! Por fin has venido a verme... Dale un beso a tu madre anda.
-Doña Carmen soy Mario, ¿Me recuerda? ¿Sabe donde esta?
-Hijo, donde voy a estar en la casa, en la casa del pueblo. Ve con tu padre que se estará preparando para hacer la matanza.

Me miro con ojos febriles y me dí cuenta un día mas que Doña Carmen seguía perdida en el pasado. Estaba claro que nunca conseguiría nada de ella. Cada día creía que era alguien diferente, un hijo, un nieto, un sobrino...
Sería conveniente que no perdiera el tiempo con ella y seguir mi estudio con los demás.

-Doña Carmen, ¿necesita algo?- dije antes de irme, ella volvió su mirada hacia una pared vacía.
-No, tranquilo estoy viendo como las gallinas incuban a sus polluelos. ¿No es lo mas maternal que has visto en mucho tiempo?

La deje tranquila, mirando la pared más blanca que yo hubiera visto en mi vida, y seguí con mi reflexión interior de como el cerebro podría crear una imagen tan potente que realmente engáñara a la mente humana haciendo que lo imaginario pareciera real y lo real imaginario.
Saliendo del salón me encontrar de frente a Louis.

-Hey Mario, me han dicho que encontraste a Leira.
-Si, estaba... bueno en la parte más antigua de la casona.
-¿En la zona sin remodelar?
-Aja
-Vaya, ¿Como llegaste allí? Mira que a esa zona solo se puede acceder por unas escaleras y la verdad es complicado encontrarlas.
-Me perdí, como siempre y acabe allí. Esa zona realmente esta descuidada, todo tan sucio.
-Supongo que no habrá tantos pacientes como para tener que utilizar esa parte de la casa.

A las nueve en punto dimos de cenar a los pacientes,  terminada me dispuse a enterrarme en mi habitación para escribir en las memorias todo lo decidido y aprendido con Doña Carmen, pero Louis me cazó antes de que pudiera levantarme de la silla.

-Mario, hoy es viernes, deja de trabajar y vamos con los demás celadores al pueblo, y nos tomamos algo. Así te despejas y seguro que con un par de cervezas no tienes pesadillas. Como plus ira Fiffi y podré cortejarla como se merece.
- Es un pueblo muy pequeño, que puede haber para flirtear con una chica.
-Un bar, Mario, un bar con música, no seas aburrido y ven.

Volvimos sobre la una a la mansión. Louis había conquistado a Fiffi con su labia. Me tiré en la cama con la intención de descansar lo máximo posible...

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Me encontraba atado a una cama, los amarres tenían la textura del cuero, intente girar la cabeza, pero algo la mantenía erguida, por el rabillo del ojo vi como se habría una puerta, de ella entro un hombre con mirada seria, se acercó iba vestido con una bata oscura y corbata del mismo color.
-Me han dicho que has mordido a una de las enfermeras y que has intentado escapar de tu habitación, otra vez.
-Un gemido lastimero salió de mi boca, intente desatarme con todas mis fuerzas.
-Tranquila, tranquila...- dijo mientras colocaba sus manos rudas sobre mis brazos apretando con potencia.- Me da pena Amelie pero quedamos en que no morderías a nadie. que si lo hacías tendria que tomar medidas.
Mi gimoteo se convirtió en un sollozo  silencioso, intente negarme pero mi cabeza no se movía de su sitio y no encontraba mi voz.
-Ahora debo castigarte, tu enfermera, Margot, esta muy triste contigo.

Se acerco a la pared de la izquierda y de un baúl saco una mascara de hierro, me miro y como apesadumbrado me la colocó con fuerza. Cerré mis ojos, no quería aceptar la realidad. Pude oír como se dirigía hacia la salida, pero antes de llegar a ella, volvió ha acercarse.

-Cálmate, no sera para siempre, solo unas semanas, hasta que pueda deshacerme del cadáver de la enfermera a la que mordiste, sin que nadie sospeche de mi. Entonces te prometo que dejaré al descubierto ese precioso rostro tuyo, y volverás a deberme un favor.


lunes, 20 de julio de 2015

Le vie de la folie V

Pasada la primera semana, ya me había acostumbrado a la vida en aquella mansión. A lo que no me hacía era a las noches, no dormía casi nada y cuando lo hacía todo eran pesadillas y la verdad me parecía raro y eso le estaba explicando a Louis, cuando Salvatore llegó con una noticia aterradora.

- Es que no lo entiendo, yo siempre he dormido a pierna suelta. ¿Por qué aquí no consigo cerrar los ojos más de diez minutos?
- No te preocupes Mario, eso es porque estas sugestionado y yo lo entiendo, este lugar y sobre todo de noche, da miedo. Pero tranquilo no hay nada que temer. Oye ¿ese no es nuestro jorobado? Parece que tiene prisa, vamos a preguntarle.
-Señor Jane, Señor Nieto, una de las internas del ala este se a escapado. - La noticia cayó en mi como un balde de agua fría.
- ¿Qué a pasado? ¿ Con toda esa seguridad y se ha escapado una paciente? ¿Quién ha sido? No me digas que ha sido Bianca...- Sus ojos reflejaron un miedo profundo.
-¿Quién es Bianca?- pregunte ignorante de mi.
-Bianca es el demonio, Mario, nunca, pero nunca te acerques a ella, consta que nació en un psiquiátrico de Italia y allí mato a dos pacientes y un medico. La trasladaron a otro y mato a un niño de apenas trece años, a si que la mandaron a la cárcel y allí se las arreglo para matar a dos voluntarios. Todo fueron hombres. Al final la iban a llevar a una cárcel de máxima seguridad, y tenían pensado meterla en una celda de aislamiento. Pero acabo aquí, en el ala este, y nadie entiende como pasó.
-Señor Jane, sabe que eso no es cierto, que son todo habladurías.
- Es lo que pone en el expediente, una "amiga" me lo contó. Además tiene esa horrible canción que cuenta lo que hizo.
-Señor Jane, la señorita Neve, es una mujer de delicada mente, si la preguntas si ella habla con los animales, te dirá que si, porque le habrá metido esa idea en la cabeza. Y no, es la señorita Marcilla quien a escapado, hoy había salmón para comer y se les olvido cerrar bien la puerta. Ella empujo y la abrió, ahora anda escondida en algún lugar.
- ¡oooh! Eso es otra cosa, no se preocupe, nosotros le ayudaremos ¿Verdad Mario?
-Si, si, claro, ¿Esa paciente, tiene algo que ver con la doctora?
-¡Leira! No, no nada que ver, solo mismo apellido- me explicaba- Es una niña de apenas veinte años.
-Bueno eso de niña... yo soy solo un año mayor.
-Lo de niña es porque se comporta como una. Juega, canta se ríe como una niña. y no hace ningún mal, su cuerpo creció pero realmente se quedo estancada a la edad de once años.
-No lo entiendo si no es peligrosa, porque esta encerrada en el ala este.
- Bueno, no es peligrosa, hasta que le das de comer pescado, entonces, bueno yo solo lo he visto una vez, pero te juro que se le desfiguró la cara y empezó a gritar, que habíamos matado a su familia o no se que. La cuestión Mario, es que a los once años mató a su padre, a un maestro y un niño de su clase.
- Pero, Louis, ¿Es que todos están tan enfermos en esa parte de manicomio?
- Lamentablemente es así, a que ahora te gustaría no haber firmado ese papel que te da permiso para trabajar en ese zona... Mira sera mejor que nos separemos, así la encontraremos antes, si la ves vuelve corriendo y avisa a algún celador.

Caminé por diferentes pasillos, hasta entrar en una zona poco utilizada del hospital. Y entonces lo oí. Alguien lloraba en una de las estancias, di la vuelta y... me había extraviado, otra vez. A si que, seguí los sollozos, hasta una de las habitaciones. Parecía un servicio, tenia en el centro una enorme bañera y en ella una chica se remojaba. Era pelirroja, de piel clara y estaba tiritando.

-Leira- Llame con cuidado, se giro y pude ver unos ojos azules anegados de lagrimas.-Leira, me llamo Mario. ¿Qué haces aquí?- recogí el pijama de interna del suelo.
- ¡ELLOS, ELLOS QUISIERON DARME DE COMER A MI FAMILIAAA....!- Grito con ira.
-¿Tu familia?
- Si, yo soy un pez, como puedes ver, Mario ellos mataron al pobrecito de Eric.
- ¿Eric era el salmón?
-Si, era mi amigo, ellos lo han matado.
- Mmmmm Leira, ese agua se ve muy fría, ¿no quieres venir aquí y ponerte el pijama?
- Mario eres muy amable. ¿ Te gustaría jugar conmigo?- dijo mientras salía de la bañera y recogía de mis manos el pijama.
-Claro que jugaré contigo, pero antes, ¿Sabes salir de aquí? Ando un poco perdido.
-¡Siiiii!jugaremos al pilla-pilla y mientras te guiaré por el palacio.

Corrí tras ella lo más rápido que pude, pero nunca pude alcanzarla, más que correr parecía volar, el juego acabo cuando en un descuido Leira giró para mirar si seguía tras ella y choco con los dos tíos más altos y fuertes que había visto en mi vida. Eran verdaderos 4x4.

-Ya te tenemos loca.
-No te volverás a escapar en mucho tiempo.- Dijeron mientras se la llevaban arrastras.
-¡Mario! ¡Ayúdame!- Salí de mi estupor con su grito de auxilio, pero no podía hacer nada.- Mario recuerda yo debería vivir en el agua.

Llegue azorado a mi cuerto, Leira me daba pena, estaba loca de verdad, creía ser  un pez. Valla historia se había montado en su cabeza. Miré la hora, apenas eran las seis y media, aun podía hablar con alguno de mis pacientes vip antes de la cena.




miércoles, 1 de julio de 2015

Le vie de la folie IV

La noche llegó de pronto, por la mañana empezaría ayudando a un celador llamado Louis, francés como no. Cuando mi cabeza toco la almohada,un rayo iluminó la habitación. Perfecto mi primera noche y tormenta. Cuando conseguí cerrar los ojos, era pasada la una de la madrugada y mi sueño estuvo plagado de luz y sombras, de voces y sollozos. Un grito me despertó: "Deja de llorar estúpida".

Mis ojos se abrieron como platos, aguanté la respiración, solo se oía las gotas de lluvia contra el cristal. Nadie gimoteaba ni chillaba, expulsé el aire con fuerza, todo estaba en mi imaginación. Miré el reloj, solo quedaban diez minutos para que sonara el despertador, diez minutos de sueño perdido.

A las ocho menos cuarto llamaron, cuando abrí encontré a un joven de aspecto perspicaz, con una sonrisa de oreja a oreja.

-Hola Mario soy Louis, Louis Jean. Soy tu compañero, tu y yo, Mario, vamos a ser inseparables, si señor.
-Hola Louis, una pregunta, ¿eres francés?
-Si señor, nací en un pequeño pueblo al sur de Francia y por casualidades de la vida acabé aquí. Y doy gracias a Dios porque si no, no hubiera conocido a Fiffi- Dijo mientras me agarraba del hombro y me dirigía hacia las instalaciones de los pacientes.
-¿Quién es Fiffi?
-¿Quién es Fiffi? ¿De verdad me lo preguntas? Es un ángel, el ángel mas bello de todo el hospital, guapa, graciosa y sexy. Es una enfermera que con su sonrisa y sus caderas alegran tanto a grandes como a chicos. La conocerás hoy Mario, cuando traigan las medicinas, pero recuerda, yo la vi primero ¿entendido?
Asentí con fuerza.
-Bien. porque tienes mucha suerte de que te aceptaran, no lo iban a hacer pero Ben, el gran Ben, tubo un accidente con una paciente, por eso estas aquí Mario, porque mi compañero, el perfecto ingles cumplidor de toooodas las normas del mundo y bebedor de horrible té, la pició. Pobre Ben...

Esa primera mañana ayudé a llevar los desayunos al comedor, y me ofrecí a ayudar a dos pacientes que no podían valerse por si mismos, luego los llevamos por todo el sanatorio, de un lado para otro. Conocí a Fiffi la enfermera, cuando trajo la medicina a varios pacientes y también conocí a los pacientes que me iban a ayudar en mi trabajo. No eran muchos apenas cinco.

Carmen Fernandez: Mujer de ochenta y tres años, llevaba allí desde que se la diagnostico Alzheimer y ni sus hijos ni el estado la hicieron mucho caso, fue la primera que trasladaron desde un hospital público a Le vie de la folie.

Sergio Gutierrez: Hombre de cuarenta y cinco años, empresario, con la crisis perdió su imperio y provoco en él una depresión tan profunda que casi incendia las instalaciones donde tenia su despacho y su vivienda, en ella se encontraba su mujer y sus tres hijos.

Maria Cabrero: Chica de apenas veinticinco años, acababa de conseguir el trabajo de su vida en un bufete de abogados, no llevaba allí ni una semana, tenía depresión postparto. De todos era quien peor lo estaba pasando, no dejaba de llorar por sus gemelos.

Alberto Dominguez: Un chico de diecisiete años, drogadicto, tenia problemas con sus padres y con los numerosos doctores que le habían tratado, al final decidieron internarle, era agresivo e intolerante.

Mariano Santos: Hombre de setenta y un años, tenia esquizofrenia, se creía que nos encontrábamos en su barco, que él era el capitán y todos nosotros sus subordinados. A si que repartía ordenes por todo el hospital, tanto a enfermeras, celadores, doctores, y enfermos.

Sonreí, había escogido un popurrí, con la intención de que cada uno me diera una visión diferente.

martes, 23 de junio de 2015

Le vie de la folie III

Salí de la habitación y mire a derecha e izquierda. Se extendía a ambos lados, un pasillo enorme. Gire a la derecha, he intenté hacer memoria, fijándome en los cuadros que me encontraba. En las paredes caballeros con armaduras y estandartes, mujeres con vestidos de época y abanicos de todos los colores posibles, monjes con sus hábitos cubriéndoles la cabeza... no recordaba a ninguno de ellos.

-Señor Nieto, señor Nieto...

Me gire para ver al jorobado persiguiéndome a lo lejos.

-Señor Nieto, por ahí no se va al despacho- exhaló cuando estuvo cerca- supuse que no se acordaba del camino, a si que vine a buscarle. Venga usted por aquí, esto es un laberinto y no queremos que desaparezca.
- Tal vez deberían poner mapas por los pasillos- sonreí.

Salvatore no volvió a hablar y mi imaginación voló para recordar aquel cuento de Edgar Allan Poe llamado "El sistema del Dr Tarr y el Profesor Fecher", En el que un hombre visita un manicomio, tras pasar allí la cena y conocer al director y a sus amigos, descubre con horror que los pacientes se han escapado y es con ellos con quien ha pasado la noche.
Me puse nervioso, esa historia también ocurría en un psiquiátrico francés, tal vez mi amigo Poe había visitado este hospital cuando escribió su historia. Rechacé la idea de inmediato, no llevaba aquí más que unas pocas horas y mi mente ya estaba desbocada.

Cuando llegamos la doctora Marcilla se encontraba sentada, alzo la vista y sonrió.

-Señor nieto, ¿Se encuentra usted bien? Esta tan lívido como un muerto.

Intente quitarle importancia e insistí en que me contara en que consistiría mi trabajo allí.

-Bueno señor nieto, uno de nuestros celadores tubo un pequeño accidente, tiene que reposar durante dos meses. Creo que es el tiempo que usted necesita para tomar notas para su trabajo. Solo necesitamos que acompañe por las mañanas a una serie de pacientes... poco peligrosos. y por las tardes podrás dedicarte a su estudio, que consiste... perdón señor Nieto ¿En que consiste su trabajo?
-Quiero hablar con los pacientes, me gustaría saber como es su vida, si saben porque están aquí o dónde creen encontrarse.
-Bien, aquí dividimos a los pacientes en dos grupos. El primero y mas nuevo, es el grupo del que se encargará usted, son personas que es el ministerio quien nos indica a aceptarlos. Son apenas diez personas la mayoría con depresiones graves. Le daré los informes que necesite.
El segundo grupo, son pacientes más difíciles, estos están en régimen estricto, no los encontrará en este ala de la casa, si no en la parte derecha. Ellos son personas que cometieron algún crimen y el juez obligó a sus parientes a ingresarles en un centro psiquiátrico, sin que puedan salir. Podríamos intentar que usted los pudiera ver tal vez las dos ultimas semanas, no quiero que este con ellos mucho. Señor Nieto, tenga algo claro, si decide que desea incluir en su estudio a estos enfermos, debe entender que son personas peligrosas, mucho mas inestables de lo que parece, muchas no saben ni donde se encuentran, ni porque están aquí, ni se acuerdan si quiera de lo que hicieron. Tendrá que seguir unas pautas muy precisas en esa zona e incumplirlas podría afectar a su salud.

Su mirada era seria, yo quería ver que había allí, pero su voz y su postura hacia replanteármelo.

lunes, 15 de junio de 2015

Le vie de la folie II

Con paso apurado cruce al interior, no quería que me volviera a gritar. Me gire hacia el hombre que me había provocado hace apenas cinco segundos un mini infarto, podía sentir la sangre cabalgando por mis oídos. Abrí la boca con asombro, era un hombre que apenas llegaba al metro treinta, pero no porque fuera bajo si no porque su espalda estaba echada hacia delante, haciendo que sus manos casi se arrastraran por el suelo. Tenia u na prominente joroba que con cada respiración parecía querer salir de su cuerpo y vivir por separado. Su cara era amorfa, un ojo mas alto que el otro, con dientes rotos y desgastados y con numerosos bultos por toda ella.
Era espeluznante.

Gire mi cabeza con la intención de no parecer maleducado, pero estaba seguro de que aquel hombre, si se le podía llamar así, estaba acostumbrado a que le miraran con descaro.

-Le esperábamos hace dos horas señor Nieto- dijo acercándose a mí, cogiendo la maleta que reposaba a mi lado.
-Si - conteste rápidamente, apartándome de aquel ser - El autobús que se dirigía al pueblo desde Madrid pincho una rueda y tuvimos que esperar a que nos recogieran - nos empezamos a mover por el pasillo, acercándonos a unas enormes escaleras - Además cuando cogí el taxi para que me trajera aquí, se perdió y tuvimos que retroceder unos cuantos kilómetros.
-Creímos que se había arrepentido de venir- sostuvo con una sonrisa mientras subía la escalera.

Me dejo impresionado otra vez, al comprobar que era tremendamente fuerte, no solo había cogido mi maleta como si no pesara nada si no que subía las escaleras de manera rápida, no como yo que me iba quedando atrás.

-No se aleje señor Nieto.
-Si, si perdone.
-Aguarde aquí por favor- enunció en el momento en el que llegamos al primer piso- voy a avisar de su llegada.

Quede solo, en un largo pasillo, lleno de puertas, cuadros y alfombras. la verdad es que por dentro, era un lugar alucinante, se notaba que para poder ser paciente de este hospital debías tener varios millones en la cuenta corriente.

La puerta se abrió y sonriendo me indicó que pasara. Entre en un enorme despacho y en él encontré lo que debía ser la directora de la institución.

-Buenos días, señor Nieto, soy la doctora Marcilla, Ursula Marcilla. Mi querido Salvatore me ha comentado que ha llegado bastante accidentado. Salvatore le acompañara a su habitación, tome una ducha, acomódese y vuelva aquí, le explicare como nos puede ayudar.
-Muy bien, volveré en más o menos una hora.

Me llevo a la habitación y entre tanto me contaba la historia completa de Amelie la cual yo ya había investigado.

El conde Frederic se caso con una joven cortesana llamada Alix, de apenas dieciséis años, Quedó embarazada y tras siete meses nació una niña. Se cuchicheaba por la nobleza que Alix se había quedado embarazada antes de casarse. Se aseguraba que una vez que dio a luz a la pequeña Amelie, Alix ya no fue la misma. Se refugio en su mundo, un mundo privado, del que ni su hija ni su marido pudieron ser participes. Cuando la pequeña cumplió tres años, Alix pareció despertar de su sueño y regaló a la niña un conejo blanco. Al día siguiente ocurrieron dos cosas. Amelie dejo de hablar y Alix acabó con su vida cortándose las venas en el jardín. La encontró una sirvienta tirada sobre los rosales, manchando con su sangre las rosas que se encontraban a su alrededor.
Después del trágico suceso, Amelie creció feliz, en una pequeña mansión, con su padre y unos pocos criados. Pero un respetado medico italiano demandó a su padre posada durante una semana. Pues quería hacer un estudio sobre la locura en Francia y se desplazaba por toda ella, por orden de rey para intentar localizar a la gente enferma y encerrarla, con la finalidad de que no contagiase a más personas.
Cuando el experto en el área llegó, descubrió a la niña que apenas tenía diez años. Se dice que le encandiló, que su timidez le enamoró. Pidió entonces al padre que cuando llegara a la edad de 14 años le diera su mano. Frederic se negó.
Una semana después Amelie estaba en el informe del doctor, defendiendo que tenia una rara locura, contagiada por su madre, la niña no hablaba, no mantenía contacto visual con desconocidos y se ponía agresiva cuando se alejaba de su mascota. Luis XVIII de Francia obligó al conde a encerrar a su hija.
Apesadumbrado, decidió crear este hospital, con la intención de alejar a su hija de la persona que había destruido su vida.

La siguiente parte de la historia ya la conocía. Había sido trasladada y tratada por los mejores médicos, pero no era feliz y un día sin mas desapareció, nunca se la encontró, aunque su padre diera una enorme recompensa.

Pensé en la historia mientras dejaba que el agua relajara mis músculos cansados, ordené la ropa que había traído y me dirigí a hablar de mi trabajo con la doctora.


viernes, 12 de junio de 2015

Le vie de la folie

Le vie de la folie era una institución francesa alojada en la espesura del monte. Un lugar en donde solo querrías ir si estabas loco o si fueras muy morboso y te gustaran las casas fantasmagóricas.

En mi caso... yo solo había acabado la especialización de psiquiatría y como trabajo de fin de grado había pedido a la universidad que me buscara un psiquiátrico donde pudiera estar con los pacientes. Mi tesis trataba sobre cómo afectaba la estancia en un manicomio a las mentes de esa personas que ya de por sí eran un mundo diferente al del resto.

Pero cuando pedí el favor a la jefatura de la universidad no pensé en ningún momento que siete días después fuera a encontrarme frente a las puertas de uno de los psiquiátricos privados más caros y escalofriantes de todo el mundo. Si lo hubiera sabido, nunca hubiera aceptado.

Suspiré, no podía entrar ahí. No entendía cómo me habían aceptado. Había oído que no aceptaban ni internos ni alumnos.

Subí las escaleras de piedra acercándome así a la institución, creada por el Conde Frederic de Beaumont, para su hija Amelie, a quien se le había diagnosticado una clase de locura que la impedía comunicarse con los demás, lo que hoy llamamos autismo. Una pobre niña de 12 años fue encerrada en esta mansión en 1820, hasta que tres años después, un 20 de julio consiguió escapar, desapareció y nunca más se supo de ella.

-Venga Mario- me susurré para mí, - Es solo una casa, una casa con cientos de locos dentro.

Llamé a la doble puerta de madera, tan grande que yo, enfrente de ella, solo parecía un punto en la lejanía. Mientras esperaba a que alguien se decidiera a abrirme, observé con más detenimiento aquella puerta. Era de color oscuro, tal vez de roble, y estaba completamente labrada, en toda su extensión, se podían ver caras, riendo, gritando, enfadadas...Y sobre todas ellas, un poco más grande que las demás, se encontraba la de una niña, de pelo largo, sus ojos se mantenían cerrados y su expresión era de total quietud, un poco más abajo se podía leer. "Amelie, mon ange". Además había en latín encima de ese precioso ángel una inscripción  "no vengas a molestar a los imperturbables".

Oí entonces como se abría el ventanillo de la puerta, unos ojos y una voz salieron del interior.

-¿Qué quiere?- Dijo una voz áspera
-Soy Mario Nieto, el alumno que aceptaron de la universidad- dije con un hilo de voz, estaba claro que lo mío no era la valentía.

El hombre cerro la mirilla, y detrás de la puerta empezó a abrir una cantidad inmensa de cerrojos y pasadores. La puerta se movió y dejando pasar la luz del sol por una rendija el de la voz clamó desde su posición.

-!Entre ya, de una buena vez¡