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viernes, 10 de agosto de 2018

10/08/2018


La habitación blanca olía a desinfectante y la manta era demasiado suave. Estaba acostumbrada a la oscuridad y la aspereza.

Mientras nuestra protagonista intentaba encontrar una posición en donde no le dolieran los múltiples golpes que adornaban su cuerpo, un doctor entró en la habitación.

Ella intento prestar atención a lo que salía de su boca, pero sus oídos, taponados por las gasas colocadas por las enfermeras para poder controlar la infección, solo le permitió oír unas pocas palabras.

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