Clap… Clap… Clap…
Primero observé como el cuchillo
caía sobre las verduras, con movimientos metódicos. Luego la mano que lo
sujetaba. Siempre me habían gustado sus manos, eran capaces de trasmitir
fuerza, bondad, cuidado, desesperación, amor. Más tarde el cuerpo al que
estaban unidas, ahora inclinado hacia adelante, con la cabeza gacha, mirando lo
que tenía entre manos. Al fin llegue a su cara, cuya expresión era de concentración
absoluta. Si hubiera podido habría sonreído al verla, estaba tan ensimismada que
no se daba cuenta de que la observaban.
Cuando acabo giró su cuerpo hacia
mí, sonrió y se acercó lentamente, puso sus ojos en los míos.
- -
¿Aún odias las verduras?
Deseaba moverme, deseaba decirle
que sí, seguía odiando las verduras. Deseaba levantarme de aquella estúpida silla
y besarla hasta que se olvidara de la dieta estrictamente calculada que había planeado
para mí. Deseaba poder decirle que aún la amaba.
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