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miércoles, 1 de julio de 2015

Le vie de la folie IV

La noche llegó de pronto, por la mañana empezaría ayudando a un celador llamado Louis, francés como no. Cuando mi cabeza toco la almohada,un rayo iluminó la habitación. Perfecto mi primera noche y tormenta. Cuando conseguí cerrar los ojos, era pasada la una de la madrugada y mi sueño estuvo plagado de luz y sombras, de voces y sollozos. Un grito me despertó: "Deja de llorar estúpida".

Mis ojos se abrieron como platos, aguanté la respiración, solo se oía las gotas de lluvia contra el cristal. Nadie gimoteaba ni chillaba, expulsé el aire con fuerza, todo estaba en mi imaginación. Miré el reloj, solo quedaban diez minutos para que sonara el despertador, diez minutos de sueño perdido.

A las ocho menos cuarto llamaron, cuando abrí encontré a un joven de aspecto perspicaz, con una sonrisa de oreja a oreja.

-Hola Mario soy Louis, Louis Jean. Soy tu compañero, tu y yo, Mario, vamos a ser inseparables, si señor.
-Hola Louis, una pregunta, ¿eres francés?
-Si señor, nací en un pequeño pueblo al sur de Francia y por casualidades de la vida acabé aquí. Y doy gracias a Dios porque si no, no hubiera conocido a Fiffi- Dijo mientras me agarraba del hombro y me dirigía hacia las instalaciones de los pacientes.
-¿Quién es Fiffi?
-¿Quién es Fiffi? ¿De verdad me lo preguntas? Es un ángel, el ángel mas bello de todo el hospital, guapa, graciosa y sexy. Es una enfermera que con su sonrisa y sus caderas alegran tanto a grandes como a chicos. La conocerás hoy Mario, cuando traigan las medicinas, pero recuerda, yo la vi primero ¿entendido?
Asentí con fuerza.
-Bien. porque tienes mucha suerte de que te aceptaran, no lo iban a hacer pero Ben, el gran Ben, tubo un accidente con una paciente, por eso estas aquí Mario, porque mi compañero, el perfecto ingles cumplidor de toooodas las normas del mundo y bebedor de horrible té, la pició. Pobre Ben...

Esa primera mañana ayudé a llevar los desayunos al comedor, y me ofrecí a ayudar a dos pacientes que no podían valerse por si mismos, luego los llevamos por todo el sanatorio, de un lado para otro. Conocí a Fiffi la enfermera, cuando trajo la medicina a varios pacientes y también conocí a los pacientes que me iban a ayudar en mi trabajo. No eran muchos apenas cinco.

Carmen Fernandez: Mujer de ochenta y tres años, llevaba allí desde que se la diagnostico Alzheimer y ni sus hijos ni el estado la hicieron mucho caso, fue la primera que trasladaron desde un hospital público a Le vie de la folie.

Sergio Gutierrez: Hombre de cuarenta y cinco años, empresario, con la crisis perdió su imperio y provoco en él una depresión tan profunda que casi incendia las instalaciones donde tenia su despacho y su vivienda, en ella se encontraba su mujer y sus tres hijos.

Maria Cabrero: Chica de apenas veinticinco años, acababa de conseguir el trabajo de su vida en un bufete de abogados, no llevaba allí ni una semana, tenía depresión postparto. De todos era quien peor lo estaba pasando, no dejaba de llorar por sus gemelos.

Alberto Dominguez: Un chico de diecisiete años, drogadicto, tenia problemas con sus padres y con los numerosos doctores que le habían tratado, al final decidieron internarle, era agresivo e intolerante.

Mariano Santos: Hombre de setenta y un años, tenia esquizofrenia, se creía que nos encontrábamos en su barco, que él era el capitán y todos nosotros sus subordinados. A si que repartía ordenes por todo el hospital, tanto a enfermeras, celadores, doctores, y enfermos.

Sonreí, había escogido un popurrí, con la intención de que cada uno me diera una visión diferente.

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