Le vie de la folie era una institución francesa alojada en la espesura del monte. Un lugar en donde solo querrías ir si estabas loco o si fueras muy morboso y te gustaran las casas fantasmagóricas.
En mi caso... yo solo había acabado la especialización de psiquiatría y como trabajo de fin de grado había pedido a la universidad que me buscara un psiquiátrico donde pudiera estar con los pacientes. Mi tesis trataba sobre cómo afectaba la estancia en un manicomio a las mentes de esa personas que ya de por sí eran un mundo diferente al del resto.
Pero cuando pedí el favor a la jefatura de la universidad no pensé en ningún momento que siete días después fuera a encontrarme frente a las puertas de uno de los psiquiátricos privados más caros y escalofriantes de todo el mundo. Si lo hubiera sabido, nunca hubiera aceptado.
Suspiré, no podía entrar ahí. No entendía cómo me habían aceptado. Había oído que no aceptaban ni internos ni alumnos.
Subí las escaleras de piedra acercándome así a la institución, creada por el Conde Frederic de Beaumont, para su hija Amelie, a quien se le había diagnosticado una clase de locura que la impedía comunicarse con los demás, lo que hoy llamamos autismo. Una pobre niña de 12 años fue encerrada en esta mansión en 1820, hasta que tres años después, un 20 de julio consiguió escapar, desapareció y nunca más se supo de ella.
-Venga Mario- me susurré para mí, - Es solo una casa, una casa con cientos de locos dentro.
Llamé a la doble puerta de madera, tan grande que yo, enfrente de ella, solo parecía un punto en la lejanía. Mientras esperaba a que alguien se decidiera a abrirme, observé con más detenimiento aquella puerta. Era de color oscuro, tal vez de roble, y estaba completamente labrada, en toda su extensión, se podían ver caras, riendo, gritando, enfadadas...Y sobre todas ellas, un poco más grande que las demás, se encontraba la de una niña, de pelo largo, sus ojos se mantenían cerrados y su expresión era de total quietud, un poco más abajo se podía leer. "Amelie, mon ange". Además había en latín encima de ese precioso ángel una inscripción "no vengas a molestar a los imperturbables".
Oí entonces como se abría el ventanillo de la puerta, unos ojos y una voz salieron del interior.
-¿Qué quiere?- Dijo una voz áspera
-Soy Mario Nieto, el alumno que aceptaron de la universidad- dije con un hilo de voz, estaba claro que lo mío no era la valentía.
El hombre cerro la mirilla, y detrás de la puerta empezó a abrir una cantidad inmensa de cerrojos y pasadores. La puerta se movió y dejando pasar la luz del sol por una rendija el de la voz clamó desde su posición.
-!Entre ya, de una buena vez¡
Me esta encantando... Venga.. Continua la historia.. Animo
ResponderEliminarMuy buen comienzo! Tiene mucho potencial la historia :) Un besazoooo
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